“Tsss, tienen bicicletas cototas! Yo que ustedes iría por la cuesta, es más bonito el paisaje, y de ahí salen al tiro a Doñihue. El camino no está asfaltado, pero con las mountain-bikes ni se van a dar cuenta”. Nos recomendaba tomar un camino perpendicular a la carretera oficial, perpendicular al sentido común. Luego, girar a la derecha e ir hasta el fondo, pasar la cuesta y listo. Ciertamente el viejo bonachón de la posada donde paramos a tomar unas bebidas y pastelitos conocería mejor que nadie los alrededores, al menos mucho mejor que nosotros, pendejos citadinos. Así que confiamos ciegamente en sus palabras de hombre mayor, y sin siquiera pensarlo seguimos su consejo. Era la primera vez que haríamos la travesía :Valparaíso –Panquehue (Localidad San Felipe) en bicicleta, que son cerca de 110 kilometros. Antes de llegar a la posada nos había pasado de todo y sólo esperabamos que junto con el atardecer tuvieramos un plácido paseo como último tramo. Definitivamente aún no nos pasaba de todo.
Como sucedía regularmente en este tipo de proyectos, no es claro en qué momento se propuso, ni quien lo hizo. Es más bien un hecho matemático, una consecuencia obvia, es sólo unir elementos: Julio tiene parientes en Panquehe + Diego tiene una bicicleta = Vamos a Panquehue en Bicicleta. El resto son detalles. La ruta, itinerario, una estimación del tiempo a recorrer, el calor de pleno verano en la carretera, revisión y ajustes de bicicletas, herramientas para cualquier eventualidad o accidentes, también eran detalles que no vale la pena deterse a calcular. O que Julio era totalmente pajero (en el sentido de su paupérrima condición fisica). En cambio con Diego estábamos en nuestro auge así que en algún sentido se debía compensar (aún no me es claro cómo). Siendo consecuentes con nuestra irresponsabilidad, partimos con Diego a medio día – que es justamente cuando el sol más castiga- desde Valparaíso. En Recreo se nos incorporó Julio y sus chicles Dentyne sabor calipsol (El mascar chicle ayuda a la realización de grandes esfuerzos físicos. Es por esto que a menudo durante las competencias olímpicas se puede apreciar que los atletas disimuladamente gesticulan, porque de hecho, en tales competiciones la utilización de sustancias estimulantes está prohibida. De la Enciclopedia Julio Espinoza de Hechos Extraños ). Y el sabor particular serviría para revivir las sensaciones cada vez que encontraramos ese exclusivo chicle color celeste.
Tempranamente se presentó el primer desafío. Se deplegó imponente mientras alzabamos la mirada para evaluarlo y autoinfundirnos coraje: Subir la Avenida Alessandri. Un tedioso, constante y sudoroso esfuerzo fisico para vencer la pendiente, los hoyos de la calle y las micros furiosas que nos rozaban las orejas, todo bajo la fiel compañía del sol veraniego que nos hervía las cabezas.
La falencia física Julio la compensó con su picardía: mientras con Diego marcábamos el ritmo dos inspiraciones y una exalación, cuan ciclistas serios, Julio nos adelantó burlón, propulsado por el camión del cual se colgaba con una mano, mientras la otra se encargaba de la gestión del manubrio para esquivar los hoyos. Entendiendo que era mejor hacer el tramo por separado, cada uno con su estilo, acordamos reunirnos en la cima, en la Copec.
Luego de lo que habrá sido una hora aproximadamente, Diego y yo llegamos al objetivo, donde nos dimos tiempo para tomar agua, refrescarnos, inflar neumáticos, y finalmente sentarnos en el pasto a mirar la carretera a la espera de Julio. Pero Julio no quiso aparecer. Cuando ya la espera fue demasiado larga, consideramos la posibilidad de que hubiera tenido algún tipo de incidente, que en términos prácticos significaba abortar el plan ya que ninguno de los dos tenía idea de dónde teniamos que ir, ni tampoco podíamos llegar a la casa de los tíos de Julio en representacion de él. Y claro, también está el hecho de que es nuestro amigo. Así que a nuestro pesar, deshicimos lo andado, buscando al compañero desaparecido, claro que la tortuosa subida Alessandri se transformó en una dulce bajada, un sublime placer que nos permitimos saborear. Cuando casi llegabamos al final de la Av. Alessandri, y aparentemente tambien al final anticipado de la travesía, vimos una camioneta que demandaba nuestra atención a fuerza de cambio de luces y bocinazos. Cargaba una bicicleta y de copiloto iba el ileso Julio que nos contó que no nos había encontrado en la Copec (que habia llegado hace mucho) y desde entoces subía y bajaba Alessadri haciendo dedo. Nos pusimos de acuerdo igual que la primera vez, con un poco más de precisión y nos mamamos nuevamente la subida, (Julio se las arregló nuevamente con sus técnicas propias). Una vez arriba, el resto debería ser más suave, sobre todo nos aguardaba una buena cantidad de kilómetros de pura bajada, yendo hacia Con-Con. La bajada a ConCon fue formidable. No por que tuviese grandes pendientes sino por su extensión. Era como andar en moto. Claro que aunque no era necesario pedalear, la velocidad siempre invita asi que llegamos al limite de las bicis y nuestras capacidades, bastante mas allá del limite de la prudencia. Para restar el efecto subjetivo que se prueba al sentir el viento en la propia cara, recuerdo que incluso llegabamos a sobrepasar a los autos. En algun momento de ultra velocidad, de un camión cayó un saco de papas que convirtió el asfalto delante de nosotros en un campo minado. Una papa bajo la rueda a esa velocidad era seguramente la muerte, no tanto por la acorbatica caida, sino por el auto que de seguro inmediatamnte nos pasaría encima. Pero con los años de juegos de video que teníamos en el cuerpo, evitar los tuberculos asesinos que se movian independientemente en todas direcciones, no fue demasiado dificil.
La mayor parte del recorrido era extremadamente aburrida: la infinita carretera extendiendose delante y detrás, el sol aplastante, el silencio del entorno roto por el ruido del pedaleo y el ocasional paso de algun vehiculo, las pocas ganas de cansarse hablando demasiado. Casi siempre manteniamos la formacion 2-1. El que iba atrás tenía la tácita tarea de gritar “Auto!” cada vez que fuese oportuno, para así adoptar la configuración en línea. Una vez más el ingenio nos sirvió para superar el aburrimiento y no enloquecer en el monotono infinito andar. El juego que inventamos estaba lejos de ser divertido o dinámico. Mas bien era pura imaginación: Tal como los aviones que recargan combustible en aire deben coincidir con extrema precisión las velocidades para lograr acertar la manguera en el depósito, nosotros igualabamos con cautela las velocidades de las bicicletas de manera de tener un delicado y suave encuentro entre los bordes externos de los respectivos manubrios.
En algún momento tuvimos un encuentro surreal con un grupo de niños que se bañaban en una poza al borde del camino. Allí hicimos una pausa para refrescarnos e intercambiar un par de palabras con ellos. Pero el recuerdo es tan difuso que no se si en realidad fue una alucinacion o una imagen que me inventé, manifestacion del deseo de capear la afixia del calor.
Otra de las paradas fue delante de una pronunciada y larga subida. Descansamos un poco y comimos algo de lo que llevabamos en nuetras mochilas (claro, llevabamos mochilas en las espaldas...ni se nos ocurrió ni era monetariamente factible tener esas hechas a proposito para las bicis. De hecho, las mochilas no eran ni siquiera nuestras. El resultado del dia fue, entre otras secuelas, ardor en hombros y espalda). El comer y beber tenía dos efectos positivos: “saciar” el apetito y alivianar la carga. Cuando nos sentimos listos, usamos la técnica karateka concentrando todo la energía en un minimo tiempo, de manera de pasar el obstaculo lo antes posible. Una vez en la cima, orgullosos contemplamos la cuesta, ahora pequeña al lado de nuestros egos. Justo antes de despedirla, Julio se dio cuenta que su mochila, es decir, la de su hermana –lo que agravaba las cosas- ya no estaba entre nosotros. Fue solo reflexionar un poco para sospechar que era probable que estuviese al pie de la subida (no era ni siquiera seguro). Antes de que Julio se dispusiera a pagar con un esfuerzo –que en su condición de pajero era doble- el propio descuido, Diego, en una actitud que se confundía entre el heroismo, la resignación o las ganas de reprender lo antes posible dijo, “ya, yo voy” de manera no muy entusiasta, y se lanzó cuesta abajo.
Luego, nada relevante aparece en mi memoria, hasta que despedimos al viejo (culiao) de la posada, para internarnos en el camino alternativo. Avanzamos perpendicularmente a la carretera por un buen tramo, por un camino de tierra/piedras que estaba en muy mal estado y no nos permitia avanzar no mucho más rápido que a pie. Al llegar al fondo, viramos a la derecha y seguimos por un camino aun en peor estado que llevaba directamente a La Cuesta. Por este camino no habia autos, motos, ni bicis. Solo vimos a un tipo a caballo que nos saludó (lo más cerca a un real-huaso que he visto en mi vida). Asi anduvimos por horas por aquel camino inandable hasta que pasamos por una solitaria casa fuera de la cual habia una señora. “¿Falta mucho para llegar a la cuesta?” Preguntamos ya preocupados porque habiamos recorrido mucho y no sabiamos cuanto faltaba. “Chuuuuuu, si yo nunca he ido pa’allá!!!”. Inmediatamente pensamos en cuanta distancia debería faltar para que aun un lugareño lo cosiderara con un “chuuuu”. Desmoralizados continuamos en silencio esquivando hoyos y piedras por un lapso indeterminado.
Llegamos a la cima de la cuesta, dejando sudor en el camino, justo para contemplar el atardecer en el valle del Aconcagua y disfrutar de una menguada colacion, es decir una manzana. Apenas iniciamos a bajar por el sendero, se hizo oscuro del todo;apenas se distinguía el contorno, al otro lado del cual estaba el barranco. El terreno inmediatamente bajo la bicicleta no lograba verlo, por lo tanto ya no se podia evitar hoyos, piedras rocas y peñazcos. Si darme cuenta alcancé una velocidad considerable, con la cual cada bache se acentuaba. Podia recrear en mi mente solamente el camino pasado, por las manifestaciones de la bici. Asi por ejemplo, cuando sentia que estaba en el aire, sabia que alguna piedrota habia actuado de rampa. Sabia que si trataba de frenar, o tan solo disminuir la velocidad, como el terreno era fundamentalmente de tierra e irregulares piedras sueltas, riesgaba de patinar y terminar por el suelo con algo incrustrado en el craneo en medio de la oscuridad, lejos de la civilizacion, en algun lugar cuya lejania quedaba descrita por “chuuuuu”. Por esto la velocidad aumentaba cada vez mas. La bicicleta saltaba para todos lados, como el toro mecanico del programa Éxito. Imaginando el camino pensaba que si lo hubiera visto a la luz del dia, habria bajado a pie el cerro. En algun momento en que entrevi que el desastre era inminente intenté estirar la mano que aferraba el manubrio con toda mi fuerza, para apretar el freno. Quizas si frenaba muy muy lentamente podria retomar el control. Pero entendiendo mis intenciones, apenas estaba intentando aflojar levemente la mano para proseguir con la operacion, la Cuesta dio su golpe estrategico y me hizo volar por los aires, en el mayor bache o piedra que hasta el momento bicicleta haya conocido. Consiguió su objetivo: aborté el plan de freno, aferre mi vida al volante con fuerzas que no tenía y me entregué a mi destino.
Porque Dios existe, porque hay milagros, o quién sabe por qué, nos encontramos los tres abajo, enteros, intactos. Por un momento nos quedamos en silencio, agitados (Recordad la escena de Pulp Fiction en la cual Travolta y S.M. Jackson milagrosamente no son tocados por las balas). Era inútil contar entre nosotros la extraordinaria experiencia, puesto que como fue identica para los tres, todo era redundante. Era estupido decir “es increible que ninguno se haya sacado la re-conchesumadre”. Recuperados del Shock, igualmente comentamos cómo era posible haberla sacado tan barata. Ni siquiera una avería en las bicis - al parecer-. Julio que iba primero nos contó (ya a esta altura reíamos) que cuando se tranquilizó el camino logró voltearse y contemplar por un segundo el –usando leguaje moderno-descenso extremo que con Diego realizamos (manera elegante de decir par de weones con cara de espanto, gritando y dando brincos aleatorios. Ahora que lo pienso, hubiera sido un buen espectaculo para ver si 1) hubiera sido de dia y 2) en vez de caras de espanto hubieramos tenido actitud cabrona). Una vez que nos desahogamos, era el momento de dejar el incidente atrás y mirar adelante, el camino por recorrer. Lamentablemente aun estaba oscuro asi que no vimos mucho y aun estabamos en mitad de la nada. La cosas finalmente parecian mejorar cuando vimos una luz a lo lejos que se transformó en una camioneta que se compadeció de nosotros. En dos segundo ya estaban las tres bicicletas arriba con los tres mozalbetes con sonrisas de oreja a oreja. Fue un fugaz instante de esperanza que Diego coronó con un pan con huevo que misteriosamente salió de su mochila, acompañado de un yogu-yogu. Despedimos sacudiendo las manos a nuestros benefactores que nos habian traido nuevamente a la carretera oficial. Ahora estabamos en una cuesta asfaltada, igualmente cuesta e igualmente oscuro que en el escenario anterior, pero con la gran ventaja que estaba asfaltada y que teniamos la certeza de que solo teniamos que ir hacia adelante y llegariamos a nuestra meta. A nuestra izquierda, mucho mas abajo de la carretera, la vision de las luces articifiales, metales rectos y tubos de una refinineria junto a lo maltrechos que estabamos, nos hacia sentir personajes de Madmax. A nuestra derecha, veloces gigantes pasaban a pocos centimetros de nuestras cabezas sin percatarse de nuestra presencia. La angosta acera no permitía guardar una distancia prudente. Pero ya habiamos pasado mucho, solo teniamos que pedealar. Ya imaginabamos la llegada, una ducha caliente, una Cena, un Crack. ¿¿CRACK??. Diego no pudo evitar dejar escapar una elegante exlamación. Su bicicleta, luego de un par de pedaleadas se había rendido. Esperabamos que los camiones al pasar nos proporcionara la luz para encontrar los tornillos y resortes para rearmar el artefacto de los cambios. Luego de varios camiones, cada uno de los cuales nos sacudía con la corriente de aire que ocasionaban al pasar a tal velocidad, constatamos que las esperanzas de arreglarlo eran vanas. El cambio se habia quebrado, y no habia NADA que hacer al respecto. En un intento de solucion operativa momentanea, sobrepuse manualmente la cadena en uno de los piñones, de manera que le permitiese al menos pedalear a la casa del tio del Julio. No sirvió . Por algunos kilometros serví de motor a Diego –después de todo era yo quien estaba usando SU bicicleta- mientras Julio se botaba en la carretera para intentar detener a alguien y lograr que lo llevaran hasta algun pueblo donde pudiera llamar por telefono para que vinieran a buscar a Diego (sería bueno que existieran telefonos portatiles inalambricos, ¿no?). Seguimos con este plan hasta que por fin llegamos a un poblado donde Julio, usando sus habilidades de gestion (si fueramos Los Magnificos (o A-team,para los internacionales), él sería Faz, y dejemos mejor de lado estas analogias odiosas, que quizas me tocaria ser Murdok, y bueno, Diego, ahi te ves), consiguió que se llevaran sentadito a Diego y a la bici herida. Como esta historia ya es larga , queriamos ponerle lo antes posible un final, dimos vida al dicho “sacar fuerzas de flaquezas” (que en mi caso podria tomarse literalmente) y a pesar de haber estado mas de doce horas con el sillin en el culo, de estar exaustos, adoloridos y quemados por el sol, hicimos los últimos 20 kilometros a maxima velocidad, pedaleando furiosamente como si escaparamos del mismo diablo. En la casa, pudimos vernos bajo la luz y ante el espejo: aparte de tener la cara con tizne por los intentos de arreglar la bici, sudados, y el pelo tieso, teniamos una extraña expresion bizarra: los ojos estaban hundidos. No sé por qué exactamente, no creo que haya sido simplemente por la última carrera.
Al otro dia, no podiamos siquiera aventurar montarnos en las bicicletas.
El regreso a Valparaíso es un poco más corto de contar: nos llevaron con las bicicletas en una camioneta, directamente a la Universidad donde debiamos hacer la inscripcion de ramos para nuestro primer año.